La Estructura del Sonido y el Tao - Parte 1

Actualizado: sep 22

Hace un tiempo noté que a lo largo del lapso de 24 años desde que estudio música he tocado todo estilo de obras, he hecho arreglos, he grabado discos, he producido música para cine, he escrito composiciones desde la teoría y desde la improvisación, desde el instrumento y desde el lápiz… y me impactó darme cuenta de que todo eso lo había hecho a través de los fundamentos y herramientas que me dio un otro, sin yo haberme interesado alguna vez en decidir por mí mismo de qué se trata la música, en qué lógica se apoya, y en qué me implica a mí.

Este viaje hacia refundar el campo de la música me ha llevado a observar ciertas cuestiones que siempre había pasado por alto… Observaciones que inevitablemente hacen emerger preguntas como mínimo intrigantes ¿Qué relación hay entre que las escalas musicales contengan 7 notas así como una semana tiene 7 días? ¿Qué relación tienen las 7 notas de la escala con los ciclos de séptimas en la vida? Considerando que el sistema dodecafónico es el que compone a casi toda la música occidental y gran parte de la música oriental ¿Qué relación tiene con las 12 horas del reloj ¿Es posible que la vida vaya al compás de la música? Entonces tomé un compás -en la vertiente de la geometría- e hice unos trazos para ordenar las bases de la música más fundamentales -y nunca interrogadas- y así encontrar una respuesta.

Decidí iniciar por desentrañar los misterios ocultos del átomo de la música: el sonido. Tomé el compás y dibujé una simple onda seno para representar un DO, primera nota de la escala musical (Fig. 1), y según la lógica que situé en el capítulo anterior establecí el primer corte en la octava y superpuse entonces a la onda original una onda sinusoidal de exactamente el doble de frecuencia (Fig. 2), graficando el sonido más armónico posible entre un par de ondas. Lo que ví en ese momento fue impactante, ya que esos trazos me remitieron directamente a una simbología precisamente Iniciática: el Taijitu, la representación gráfica más conocida de nada más y nada menos que el Tao (Fig. 3). Se me hizo necesario entonces recurrir al libro que más directamente me remitía al Tao: el Tao Te Ching, traducido como “El Libro Clásico del Sentido y de la Vida”




Para una mentalidad occidental como la mía fue propicio entrar al libro a través del prólogo del célebre amigo de Carl Jung, el especialista en cultura china Richard Wilhelm. Que mientras yo estudiaba las ondas sinusoidales surgiese una relación con el Tao, y quien me abriera las puertas al Tao Te Ching fuese un reconocido sinólogo ya constituía una señal llamativa si se la escucha con atención, y precisamente La Escucha es una de las cuestiones a las que el libro me apuntaría.

El nombre de su autor, Lao Tse, no es un nombre propio sino un apodo que significa "viejo". Su nombre propio era Erl que significa "oreja", y luego de su muerte se lo nombró Lao Tan: literalmente "viejo orejudo" y en sentido figurado "viejo maestro". Eso apunta a que, según la Enseñanza que él legó, la Maestría se alcanza a través de la Escucha.

Es importante determinar qué significa la palabra "Tao". Entre varias de sus posibles traducciones se encuentran “Dios”, “Palabra”, “Logos”, “Vía”, “Camino”, “Sentido”, “Método” y “El Decir”, aunque para Lao Tse la palabra “Tao” era un signo algebráico que representa algo inefable, algo que casualmente suele decirse mucho acerca de la música: transmite lo que no es posible transmitir a través de las palabras. La enorme cantidad de cuestiones a las que remite el Tao nos muestra que hay allí algo Divino: un Camino Metódico en el que el Logos tiene que ser Sentido -es decir Escuchado- y que al escuchar en el Logos -la Palabra que emerge a través del Decir- uno determina el Sentido, la Vía que tomar. Vale mencionar como toque final y sorpresivo que la palabra “Tao” en japonés se dice nada más y nada menos que... “DO”!! precisamente el sonido por el que inicié esta mismísima investigación.

La relación directa que hay entre el Decir y la música quizás no nos resulte tan evidente a simple vista, pero algo que he aprendido gracias a mi viaje a través de la India -en el que fui a estudiar, además de su música y el sitar, su espiritualidad- es que allí toda práctica musical inicia por la Palabra. Antes de que uno sea merecedor de aprender a tocar el instrumento, primero tiene que aprender a hacer música con su boca. Hay que aprender primero a cantar, a nombrar las notas y los ritmos. Todo orden musical se arma en una primera instancia con lo más sutil que tenemos, la Palabra. Una vez ordenado en ese plano Sutil, uno se gana el derecho a hacerlo sonar a través del instrumento. Para tocar las cuerdas del sitar uno primero tiene que Ordenar los sonidos a través de las cuerdas vocales. Según la concepción Vedanta, cualquier acción musical, aunque sea a través de un instrumento, surge del Chakra Vishuddha, es decir de la garganta.

¿Qué Sentido doy a lo que sea que yo haga, gracias a haber Hablado y Escuchado -o hecho música- lo que ahí se ocultaba? ¿Qué es lo que Escucho en mi música, y qué me muestra de mí mismo? Gracias a la práctica musical es que entonces es posible develar una infinidad de cuestiones que estaban ocultas dentro de uno y holográficamente se transfieren a toda la vida de uno, no solamente a la música.

Lao Tse claramente lo sitúa cuando pregunta “¿Cómo conozco la naturaleza del mundo?” y responde “Precisamente por esto” ante lo cual Wilhelm explica: “Del contexto resulta que el fundamento del conocimiento es cada vez un principio general, el cual se halla también presente en el individuo que reflexiona. Esta participación del individuo en el principio general de la verdad es lo que otorga evidencia, raíz de toda certeza, a los conocimientos. De hecho, tres veces encontramos escrita la frase: “El Sabio rechaza aquello y se ciñe a esto”. Cualquier principio tomado de la experiencia exterior será rebatido con el tiempo y caerá en desuso, porque el conocimiento del mundo cambia con el progreso de la humanidad (el mundo reconocido es, en el fondo, el único mundo existente). Por el contrario, lo que se conoce gracias a la experiencia vivida en el centro de uno mismo (a partir de la Luz Interior, como dicen los místicos), queda indeleble a la condición de que haya sido percibido de una manera realmente pura y verdadera”

Lao Tse me confirma que el Camino que decidí emprender hacia refundar el campo de la música está orientado y que va en ese mismo Sentido, el de comprender a través de la experiencia vivida en mi propio centro a partir de la Luz Interior. De esto naturalmente surge la imperiosa necesidad de aplicar estos principios fundamentales mucho más allá de la música: en mi propia vida, haciendo de esto un Camino de Vida, ya que de lo contrario carecería de Sentido. Esto lo desarrollaré muy concretamente en el próximo capítulo.


Al mismo tiempo, todo lo referido a lo que veo que no aplico, por lo cual no hago un TODO, una Unidad Absoluta en mi vida, de lo que investigo y quiero aplicar y enseñar, lo anoto en este Blog con el que no me permito no atender a todas las cuestiones que aún son un rotundo "no": https://edipo.org/n/blog-ensenante/?ublog=1367


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